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Rosácea

Muy similar al acné, la rosácea es una enfermedad que afecta a la piel de la cara, causando enrojecimiento en las mejillas, nariz, frente y/o la barbilla. Es un proceso crónico progresivo, con períodos de exacerbación seguidos de remisión.

Los datos de la Sociedad Nacional de Rosácea indican que el 75% de las personas con rosácea tienen alteración de la autoestima con esta condición y sufren el impacto en sus carreras profesionales.

La rosácea es más frecuente en las mujeres que en los hombres, especialmente de 30 a 60 años.

Como forma de tratar de aliviar el problema, la industria de los cosméticos, en los últimos siete años, aumentó en un 35% los productos para el tratamiento de la rosácea , pero, por desgracia, no resuelven la enfermedad.

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Muchas personas todavía desconocen las causas de la rosácea y creen que los factores que la desencadenan son desconocidos. Pero las cosas no son así. Hay situaciones que pueden ser la causa real de este mal, como señalan algunas teorías. Considere lo siguiente:

  • La primera teoría sugiere que la rosácea es un resultado de la excesiva sensibilidad de los vasos sanguíneos de la cara.
  • Otra teoría sugiere que el problema es causado por ácaros (Demodex folliculorum) que viven de forma natural en nuestra piel. Las personas con rosácea suelen tener más de estos ácaros que las aquellas que no lo tienen.
  • Factores genéticos (historia familiar) también se enumeran como posibles causas.
  • También puede estar asociada con la baja acidez de estómago, con la posterior infección por la bacteria Helicobacter pylori.
  • El mal funcionamiento del sistema inmune también puede ser una causa de la enfermedad.

Esta última afirmación proviene de un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad de California y conducido por el Dr. Richard Gallo.

Nuestro sistema inmune produce proteínas y antibióticos para combatir la enfermedad y mantenernos sanos. Con la presencia de bacterias nocivas, nuestro sistema inmunológico entra en acción, siendo estimulado tanto por la irritación como por la infección.

Durante el estudio, los investigadores observaron una acción del sistema inmune en la producción de una proteína llamada Cathelicidina.

Esta proteína podría ser la causa de la rosácea en algunas personas. El hecho es que algunos de los síntomas de la rosácea, tales como la inflamación de la piel y el aumento de los vasos sanguíneos, están asociados con esta proteína.

Los estudios también muestran que las personas que tienen la rosácea tienen una concentración anormal de Cathelicidina en la piel, que no puede inhibir el crecimiento bacteriano crónico, pero estimular los síntomas de la rosácea por su acción pro-inflamatoria.

Síntomas y manifestaciones

  • Enrojecimiento facial. Los pequeños vasos sanguíneos de la nariz y las mejillas se hinchan y se vuelven visibles.
  • Bultos en la cara que se asemejan a acné.
  • Ojos secos y párpados enrojecidos, con irritación y/o inflamación.
  • Nariz extendida. En raras ocasiones, la rosácea puede espesar la piel de la nariz, haciendo que tenga un aspecto rugoso.

Afecta principalmente a la región central de la cara. El cuadro comienza por un enrojecimiento (eritema), al principio transitorio, pero luego se vuelve persistente. Con la progresión de la enfermedad, también hay pequeños vasos dilatados de sangre (telangiectasia), lesiones rojizas y elevadas (pápulas) y manchas de color amarillo (pústulas), que parecen espinillas, de ahí el nombre de la rosácea acné, por la similitud con el acné.

Los casos más graves pueden llegar a afectar grandes áreas de la cara, con inflamación e hinchazón de la piel, formando placas rojizas y nódulos. En algunos pacientes se puede producir trastornos oculares inflamatorios, tales como conjuntivitis o inflamación de la córnea, el iris y el párpado.

En los hombres, puede llegar a ser más grave y la evolución de la enfermedad puede conducir a la aparición de rinofima cuando hay un aumento en el volumen de la nariz.

Tipos de rosácea

Hay cinco subtipos de rosácea:

  • Telangiectasia: La piel adquiere un tono rojizo, rosado y diminutos vasos se hacen evidentes, especialmente en el centro de la región facial, cerca de los lados de la nariz. El enrojecimiento puede ser agravado por varios factores, entre ellos: el alcohol, el sol, el estrés, el ejercicio y el calor. Quién tiene la rosácea puede tener la sensación de estar con picor o ardor de piel.
  • Rosácea pápulo pustulosa: En este tipo de rosácea, se suma al tono rojizo la aparición de lesiones papulo-pustulosa, como espinillas. En este tipo, la rosácea se asemeja al acné, tanto es así que durante mucho tiempo se llama rosácea acné.
  • Rosácea ocular: afecta a la región de los ojos. Alrededor del 20% de los casos se descubre en una visita a un oftalmólogo. El indicativo de la enfermedad es inflamación (llamada blefaritis) con enrojecimiento y descamación en la zona de las pestañas. Este tipo es el más grave, puede evolucionar a una pérdida de la visión.
  • Granulomatosa: Su principal característica es la aparición de pequeños nódulos de color marrón en la cara. Alrededor del 15% de los pacientes pueden tener lesiones en otras localizaciones.
  • Rosácea fimatosa: Este es el tipo menos común de rosácea. Sería una etapa final de la enfermedad. La piel se vuelve más gruesa, endurecida, de color rojizo, con poros grandes. Es más común en hombres de 50 a 60 años.

Causas

La causa de la rosácea no se conoce completamente, pero los estudios apuntan a una combinación de factores hereditarios y ambientales. Se sabe que la enfermedad surge de una combinación de varios factores, incluyendo anormalidades en el sistema inmune, las reacciones inflamatorias a los microorganismos de la piel, lesiones ultravioleta y disfunción de los vasos sanguíneos.

Algunas prácticas simples ya empeoran el problema, incluyendo: el alcohol, las temperaturas extremas, exposición al sol, el estrés, el ejercicio extenuante y los baños calientes.

En la investigación sobre la fisiopatología causal de la rosácea, la teoría más aceptada en la actualidad es que el sistema inmune actúa intensamente cuando se expone a ciertos estímulos externos, tales como los rayos solares, traumas físicos o químicos o gérmenes presentes en la piel.

Esta respuesta anómala del sistema inmunitario causa la inflamación de la piel e inflamación de los vasos sanguíneos superficiales más pequeños, dando lugar al enrojecimiento, sensación de calor y la aparición de pequeños vasos sanguíneos en la cara.

Entre los gérmenes que pueden estar relacionados con la rosácea, destacan dos: el ácaro Demodex folliculorum y las bacterias Bacillus olenorius, ambos normalmente presentes en nuestra piel.

Tratamiento

La rosácea, en principio, no tiene cura. Sin embargo, con el tratamiento adecuado la mayoría de las personas pueden controlar los síntomas y evitar que la enfermedad empeore.

  • El tipo más común de tratamiento se realiza con productos tópicos tales como metronidazol 0,75%, ácido azelaico 0,75%, peróxido de benzoilo, y los retinoides tópicos. El objetivo principal del tratamiento es reducir la inflamación del paciente mediante el uso de las sustancias mencionadas alrededor de 1 a 2 veces por día.
  • Una alternativa es utilizar oximetozolina y brimonidina. Ambos disminuyen y controlan el enrojecimiento. Los inhibidores de calcineurina también mejoran la inflamación.
  • También es muy útil el uso de láser o luz pulsada para los vasos. El tratamiento para la rosácea con láser se realiza por un dermatólogo, y destruye los vasos sanguíneos visibles en la cara que causan enrojecimiento en la piel, así como el tratamiento con luz pulsada.
  • Algunos antibióticos poseen propiedades anti-inflamatorias y ayudan a controlar la inflamación y se pueden utilizar en casos de rosácea papulopustular. Los más comunes son la tetraciclina, minociclina y la eritromicina.
  • La isotretinoína es un medicamento utilizado comúnmente en casos de acné severo, pero también es útil en los casos severos de rosácea, que no responden al tratamiento inicial.

Sólo un médico puede decirle qué medicamento es más adecuado para su caso, así como la correcta dosificación y duración del tratamiento. Siempre siga estrictamente las directrices de su médico y nunca se automedique.

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