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Impétigo

El impétigo es una infección de la piel, altamente contagiosa, causada por dos gérmenes diferentes: el Staphylococcus aureus, una bacteria gram-positiva, con la forma aproximada de un racimo de uvas, que puede formar colonias en la piel y en la nariz de las personas sanas, y Streptococcus pyogenes (grupo A beta-hemolítico estreptococos) que normalmente habitan en nuestra piel, boca y tracto respiratorio superior.

En general, estas bacterias no hacen daño al huésped. Sin embargo, una bajada en el sistema inmunitario, una lesión superficial en la piel (un pequeño corte, un rascado, la picadura de un insecto) o incluso lesiones provocadas por otras enfermedades de la piel que puedan servir de puerta de entrada al microbio, son factores favorables para la manifestación de la enfermedad.

Aunque puede acometer a personas de cualquier edad, el impétigo es más común en niños entre dos y seis años, especialmente en los meses más cálidos y húmedos del año y en ambientes con condiciones de higiene precarias.

El contagio puede ocurrir a través del contacto directo con las heridas o con gotitas de la secreción nasal de las personas infectadas o por objetos contaminados (ropas personales, de cama, de baño, juguetes, etc.).

El período de incubación varía de cuatro a diez días, fase en que el paciente puede transmitir la enfermedad, aunque no presenta ninguna señal visible de la infección.

Personas con diabetes o sistemas inmunes débiles están en mayor riesgo de desarrollar impétigo.

Tipos y síntomas

impétigo fotos

Las manifestaciones cutáneas del impetingo varían según el tipo del agente infeccioso:

Impetigo común o no bulloso

El agente infeccioso suele ser la bacteria estreptococos. La principal manifestación de la enfermedad es la aparición de pequeñas burbujas o ampollas parecidas a las espinillas llenas de pus (pápulas eritematosas), especialmente alrededor de la nariz y la boca, pero que también pueden surgir en los brazos y las piernas.

Cuando se rompe y se filtran, estas burbujas dan lugar a heridas rojiza que, después, están cubiertas por una corteza de color miel, que cae sin dejar cicatrices.

Impétigo bulloso

Es causado por Staphylococcus aureus, que produce toxinas que favorecen la aparición de vesículas más grandes, llenas de líquido amarillo. En general, se instalan en el pecho, brazos, abdomen y nalgas, principalmente de bebés y niños en edad preescolar, y pueden venir acompañados de fiebre y malestar.

Cuando rompen, dejan en el lugar una lesión rojo-viva, inflamada y húmeda, que no duele, pero puede picar y desaparecer sin dejar marcas. Según los datos publicados por Anvisa, el impétigo bulloso es responsable del 10% de los casos de la enfermedad.

Ectima

Es considerada la forma más grave del impétigo, porque acomete las capas más profundas de la piel. Por lo general es causada por Streptococcus pyogenes, aunque puede ocurrir infección simultánea por Staphylococcus aureus.

Las lesiones (una o varias) (úlceras profundas, dolorosas y llenas de pus) aparecen sobre todo en las piernas y dejan cicatrices después de curadas. Otro signo de ectima es la presencia de ganglios linfáticos inflamados en la cadena cercana a las heridas, como respuesta del sistema de defensa del organismo contra el agente agresor.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la evaluación clínica de las lesiones que aparecen en la piel. Sin embargo, es posible recurrir a exámenes de laboratorio para determinar el agente patógeno, lo que ayuda a establecer el discontinuo diferencial con otras enfermedades de la piel y a seleccionar el tipo de tratamiento más indicado para el caso.

Complicaciones

En general, el impétigo es una enfermedad benigna que evoluciona favorablemente, siempre que reciba el tratamiento adecuado. En algunos casos, sin embargo, pueden ocurrir las siguientes complicaciones:

  • Glomerulonefritis post-estreptocócica – Enfermedad renal grave producida por el estreptococo beta-hemolítico del grupo A, el mismo causante de infecciones en órganos de la orofaringe.
  • Celulitis infecciosa – Enfermedad grave, potencialmente mortal, que afecta los tejidos bajo la piel y puede alcanzar los nódulos linfáticos, el flujo sanguíneo y diseminarse por el organismo.

No se debe confundir la celulitis infecciosa con la lipodistrofia ginoide (también conocida popularmente por celulitis), trastorno que afecta más a las mujeres y es causado por la acumulación de tejido graso, agua y toxinas bajo la piel, que adquiere una apariencia característica.

Tratamiento

El tratamiento del impétigo debe comenzar tan pronto como se diagnostique la enfermedad o, como máximo, 48 horas después de la aparición de los primeros síntomas para evitar complicaciones.

Incluye la indicación de antibióticos por vía oral o en forma de cremas y pomadas de uso tópico, es decir, aplicados directamente sobre las lesiones cutáneas, después de que las costras se ablanden con agua tibia y se retiren.

Aunque los síntomas mejoren con las primeras dosis o aplicaciones del antibiótico, es fundamental que su uso se mantenga en los horarios y plazos prescritos por el médico para evitar que las bacterias desarrollen resistencia a los medicamentos.

Los cuidados con la higiene personal y con el área infectada, sumados al tratamiento médico, además de acelerar el proceso de curación, son medidas fundamentales para reducir los casos de contagio y posibles recaidas de la enfermedad.

Recomendaciones y Prevención

En la mayoría de los casos, el riesgo de contagio del impétigo sólo desaparece 48 horas después de iniciado el tratamiento con antibióticos o cuando las heridas dejan de eliminar la secreción y están cicatrizando.

Mientras tanto, el paciente debe permanecer en casa, sin contacto directo con los demás residentes, y sus objetos deben ser separados para su uso exclusivo. Estas medidas se hacen necesarias porque el impétigo es un problema de piel muy contagioso.

Además, debe observar las siguientes recomendaciones:

  • Nunca descuides los cuidados básicos de higiene, como lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de las comidas y después de usar el baño;
  • No comparta con las personas enfermas objetos de uso personal, como toallas, sábanas, peines y cepillo de pelo, por ejemplo;
  • Evita tocar las heridas si ya aparecen en la piel para no propagar la infección a otras partes del cuerpo;
  • Lave las lesiones con agua y jabón, seque bien y cubra con gasas u otro tipo de curativo;
  • Utilice pañuelos de papel para sonar la nariz o cuando estornude y luego deséchelos.
Por encima de todo, no se automedique. Busque un dermatólogo o médico pediatra tan pronto aparezca cualquier problema en la piel.

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