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Dependencia química: síntomas, tratamientos y causas

¿Qué es la Dependencia Química?

La dependencia química se define en la décima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como un conjunto de fenómenos conductuales, cognitivos y fisiológicos que se desarrollan tras el uso repetido de una sustancia determinada. La dependencia puede estar relacionada con una sustancia psicoactiva específica (por ejemplo, tabaco, alcohol o cocaína), una categoría de sustancias psicoactivas (por ejemplo, sustancias opiáceas) o una gama más amplia de sustancias farmacológicamente diferentes.

Causas

La dependencia química es una enfermedad crónica y multifactorial, lo que significa que varios factores contribuyen a su desarrollo, incluyendo la cantidad y frecuencia de uso de la sustancia, el estado de salud del individuo y factores genéticos, psicosociales y ambientales.

Muchos estudios buscan identificar características que predisponen a un individuo a un mayor riesgo de desarrollar abuso o dependencia. En relación con el alcohol, por ejemplo, se estima que los factores genéticos explican alrededor del 50% de las vulnerabilidades que llevan al individuo al consumo excesivo de alcohol, especialmente los genes que estarían involucrados en el metabolismo del alcohol y/o la sensibilidad a los efectos de esta sustancia, y los hijos de alcohólicos tienen un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar alcoholismo, incluso si son criados por personas no alcohólicas. Además, los factores y aspectos individuales del consumo de alcohol hacen que las mujeres, jóvenes y mayores sean más vulnerables a los efectos de las bebidas alcohólicas, lo que las pone en mayor riesgo de desarrollar problemas.

Factores de riesgo

Ciertas características o situaciones pueden aumentar o disminuir la probabilidad de que surjan problemas con el alcohol y otras drogas y/o empeoren. Estas situaciones se conocen como factores de riesgo y protección.

Sin embargo, los factores de riesgo no son necesariamente los mismos para todos los individuos y pueden variar dependiendo de su personalidad, etapa de desarrollo y entorno. Entre ellos, se pueden destacar:

  • Factores de riesgo: genética, trastornos psiquiátricos (por ejemplo, trastornos de conducta), falta de control parental, disponibilidad de alcohol
  • Factores de protección: religión, control de la impulsividad, supervisión de los padres, buen desempeño académico, políticas de drogas.

Síntomas

Síntomas de dependencia química

Algunos de los síntomas de la dependencia química son:

  • Deseo incontrolable de usar la sustancia
  • Pérdida de control (no puede detenerse después de haber comenzado)
  • Mayor tolerancia (necesidad de dosis más altas para lograr el mismo efecto obtenido con dosis previamente más bajas o efecto cada vez más bajo con la misma dosis de la sustancia)
  • .

Síntomas de abstinencia:

  • Sudoración
  • Temblores
  • Ansiedad cuando la persona está bajo el efecto de la droga

Diagnóstico y exámenes

Buscar ayuda médica

Es importante que el individuo con dependencia química busque ayuda de los profesionales de la salud cuando ocurran situaciones en las que la sustancia esté influyendo negativamente en la salud física y/o rutinaria, en las funciones académicas y/o profesionales y en las relaciones personales.

Diagnósticos de dependencia química

Los criterios del “Statistical and Mental Manual of Mental Disorders” (4ª edición; DSM-IV), de la Asociación Americana de Psiquiatría, y de la “International Classification of Diseases” (10ª edición; ICD-10), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son los más utilizados para el diagnóstico de los trastornos por consumo de sustancias.

Varios cuestionarios de autocompletar (como ASSIST, CAGE, AUDIT) y análisis de sangre también se han utilizado en entornos clínicos para tales fines, pero no pueden considerarse como un sustituto de una entrevista clínica cuidadosa. También hay algunas pruebas (marcadores biológicos) que son indicadores fisiológicos de la exposición o ingestión de drogas, y pueden ayudar en el diagnóstico y tratamiento.

En el caso del alcohol, por ejemplo, es posible citar la alanina aminotransferasa (ALT), el volumen corpuscular medio (VCM) y la gamma-glutamiltransferasa (GGT). También es importante realizar un examen físico y prestar atención a los signos y síntomas que pueden ayudar a identificar el problema, tales como síntomas de abstinencia, hipertensión leve y fluctuante, infecciones recurrentes, arritmias cardíacas inexplicables, cirrosis, hepatitis sin causa definida, pancreatitis, entre otros.

Cuando se diagnostica al paciente, es importante que además del tratamiento de la dependencia química, el individuo también tenga un seguimiento clínico para asegurar la mejora de su salud en general.

Tratamiento y cuidado

Tratamiento de la dependencia química

El tipo de ayuda más apropiado para cada persona depende de sus características personales, la cantidad y el patrón de consumo de sustancias y si ya tiene problemas emocionales, físicos o interpersonales como resultado de este consumo.

La evaluación de los pacientes puede involucrar a una variedad de profesionales de la salud, como médicos clínicos y psiquiatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales, educadores físicos, trabajadores sociales y enfermeras. En el momento del diagnóstico, la dependencia química debe ser objeto de un seguimiento a medio-largo plazo para garantizar el éxito del tratamiento, que varía en función de la progresión y la gravedad de la enfermedad.

Vivir juntos (pronóstico)

Viviendo juntos / Pronóstico

La dependencia química suele tener un profundo impacto en muchos aspectos de la vida del individuo y también en los que le rodean. Dada su complejidad, es interesante que los programas de tratamiento sean multidisciplinarios para satisfacer las diversas necesidades del paciente (aspectos sociales, psicológicos, profesionales e incluso legales, como se ha demostrado en varios estudios), siendo más efectivos en el cambio de los patrones de comportamiento que conducen al consumo de sustancias, así como en sus procesos cognitivos y funcionamiento social.

Para mantenerse libre de drogas, el individuo tendrá que hacer una serie de cambios en su estilo de vida. Por ejemplo, evitar lugares y situaciones asociadas con el consumo, (re)aprender “fuentes de placer” distintas a las relacionadas con el consumo -usualmente, las personas con problemas de drogas se alejan de toda forma de ocio, pasatiempos, relaciones, etc., y volver a una vida “cara a cara” puede ser una de las tareas más difíciles en el proceso de recuperación.

¿Existe una cura para la adicción química?

No podemos decir que hay una cura para la dependencia química. Es una enfermedad crónica, así como la diabetes y la hipertensión, pero totalmente tratable. Cabe mencionar que además de dejar de consumir, un tratamiento eficaz es aquel que puede ayudar al individuo a reanudar su funcionamiento productivo en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en el trabajo.

Según el Instituto Nacional de Abuso de Drogas (National Institute on Drug Abuse, NIDA), se estima que entre el 40 y el 60% de los pacientes tienen recaídas, cifras muy cercanas a otras enfermedades crónicas, como la hipertensión (50 a 70%) y el asma (50 a 70%). También es importante destacar que la recaída es parte del proceso terapéutico e indica que el tratamiento debe ser revisado y ajustado.

Prevención

Prevención

Cuando se trata de la prevención de los problemas relacionados con las drogas, es de vital importancia que se elaboren estrategias de prevención sobre el tema, que incorporen enfoques basados en datos empíricos culturalmente apropiados y que den prioridad a las mujeres embarazadas, los jóvenes, los menores y otras poblaciones vulnerables.

No existe un único modelo de programa ideal, sino diferentes posibilidades para abordar estas cuestiones. Lo que se percibe es que las acciones que contemplan enfoques multidisciplinarios tendrán más éxito, es decir, el trabajo y el estudio de profesionales de diferentes áreas y especialidades.

En relación a la prevención de nuevas recaídas, se sugiere que el paciente mantenga siempre el seguimiento con profesionales especializados y que evalúe siempre la propuesta terapéutica, verificando la necesidad de ajustes. Además, la participación en sesiones de psicoterapia (principalmente con enfoques conductuales) puede ofrecer estrategias para que el individuo enfrente situaciones de alto riesgo o un fuerte deseo de consumir la sustancia, así como formas de evitar y prevenir recaídas.

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